POR CLAUDIA RODRÍGUEZ SANTIAGO.
Como los pobres ya están en la bolsa las aves de rapiña van sobre otros sectores de la población y ahora son los homosexuales, lesbianas y transgéneros el objetivo para allegarse votos y seguir medrando en el Distrito Federal, para no perder el poder que en mala hora se le otorgó al Partido de la Revolución Democrática, que de democrático no tiene nada.
Los perredistas en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) pugnan por legalizar las bodas entre personas del mismo sexo, ¿con qué objetivo?, ganar su simpatía y sus votos para las elecciones de 2012 únicamente, creando un problema que a corto plazo se les saldrá de las manos y que afectará seriamente a inocentes pues en la propuesta se deja abierta la posibilidad de que estos nuevos “matrimonios” tengan la opción de adoptar hijos.
La comunidad de homosexuales, lesbianas y transgéneros merece respeto, pero no es creado leyes absurdas como se les da, sino dándoles su lugar en la sociedad como personas únicamente, sin importar sus preferencias sexuales, sólo reconociendo su capacidad como seres humanos, como profesionales o simplemente como personas.
Ninguna ley les va garantizar ese respeto que buscan, pues al final de cuentas a quién le importa lo que hagan de sus vidas privadas, la Constitución Política no se concibió con distinciones, todos son mexicanos y los mismos derechos tienen los heterosexuales que los de la diversidad.
Pero como para los asambleístas es más fácil crear leyes absurdas que educar al pueblo, pues a promover las bodas gay, a permitir que inocentes criaturas crezcan en hogares donde dos mujeres asumen el rol de papá y mamá, o dos hombres, pero qué va a pasar cuando esos pequeñitos vayan a la escuela y sus compañeritos les pregunten porque tienen dos mamás o dos papás.
En su famosa propuesta los asambleístas no han considerado que esos pequeñitos necesitarán apoyo psicológico cuando alguien se burle de ellos porque sus “padres” son homosexuales o lesbianas, cuando los excluyan de sus actividades o de sus fiestas porque son “hijos” de unos pervertidos, como muchos consideran a este sector de la población.
Es cuestión de horas para que la absurda ley se vote en la ALDF y a celebrar bodas a lo loco, pero cuánto tiempo se requerirá para resolver los problemas que esto generará a los protagonistas de la farsa. ¿Esta ley les garantizará respeto?, ¿trabajo?, ¿reconocimiento en la sociedad?, ¿qué familiares y vecinos los acepten como son?, no, para eso se necesita primero educar a la sociedad.
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