viernes, 12 de marzo de 2010

VERGÜENZA, PERO SOBRE TODO, MIEDO

POR CLAUDIA RODRÍGUEZ SANTIAGO

Un accidente automovilístico a mi esposo y mis hermanos en diciembre pasado me alejó de este espacio y parecía que el deseo de escribir ya no estaba presente en mí. Fue hasta ayer, al ver la baja educación, la falta de principios y la sarta de mentiras que nuestros políticos dicen cada vez que abren la boca, lo que me sacudió y aquí estoy otra vez.
Este miércoles, cuando los mexicanos esperábamos que los legisladores en la Cámara de Diputados, plantearan, discutieran y propusieran lo mejor para la tan esperada Reforma Política para México, lo único que tuvimos fueron más de cinco horas de insultos, acusaciones, retos, rechiflas, burlas y hasta la acusación de un asesinato.
El primero que subió a la máxima tribuna fue el líder del Partido Acción Nacional (PAN), el partido en el poder, César Nava, un político improvisado, joven y por lo tanto falto de experiencia, de madurez y parece que hasta de inteligencia, ya que primero firma acuerdos con el Revolucionario Institucional (PRI) y después se dice traicionado porque trascendió a la opinión pública los pactos que hizo en lo oscurito con tal de que la Ley de Ingresos de Felipe Calderón (presidente de México) para 2010 fuera aprobada sin enmendaduras ni borrones.
Nadie le dijo a este incipiente político que “chango viejo no aprende maromas nuevas”, por lo que con toda su “inocencia” se quiso poner al nivel de verdaderos políticos, lobos colmilludos que por segunda ocasión “chamaquearon” a un panista, lo pusieron en ridículo y a punto de que sus compañeros de partido lo echaran a patadas por torpe.
En su afán por exhibir a los priístas, desde la tribuna César Nava gritaba, manoteaba, cuestionaba y retaba a Beatriz Paredes, dirigente nacional del PRI, para que aceptara sostener un debate entre él, ella y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. Ya por último la invitó a someterse al polígrafo para que “el pueblo sepa quién miente”.
Un diputado del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) encaró al panista y le dijo, apuntándolo con el dedo, “usted no tiene la capacidad para debatir ni con el gobernador del Estado de México ni con ningún gobernador”.
Dice Nava que el PRI tiene miedo, lo cierto es que los panistas sienten que el poder los abandona, que sus 15 minutos de fama están por concluir y no precisamente porque los priístas sean lo mejor, sino porque los del blanquiazul resultaron ser todavía peor que los tricolores, por lo que están perdiendo el control, la compostura y en cualquier rato hasta la razón.
Así lo que se pretendió ser una sesión, se convirtió en un desgarriate donde hubo 415 intervenciones, entre las que destaca la del diputado del PRI, Oscar Levin Coppel, quien dijo que las alianzas entre el PRD y el PAN “son perversas, como las uniones gay”, a lo que la diputada del PRD, Enoé Uranga, replicó que no se debe utilizar la preferencia sexual diferente como un insulto, mientras que la diputada del PAN, María Elena Pérez de Tejada, en un arranque de histeria y completamente fuera de contexto, acusó a Enrique Peña Nieto de haber asesinado a su esposa; de inmediato y ante la rechifla de los priístas, dijo que conoció a Mónica Pretelini, que era una dama y sólo por respeto a ella retiraba lo dicho, como si con eso pudiera enmendar la grave acusación que había lanzado sin pruebas, sólo refiriendo a medios de comunicación que lo habían mencionado en su momento.
Este es el nivel de nuestros políticos, lo que quizá en algún momento provoque risa con sus dimes y diretes, con sus desfiguros, con sus histerias y hasta ridiculeces, pero si lo vemos con seriedad debemos tener miedo de estar en manos de semejantes personajes, capaces de llegar a límites insospechados con tal de conservar o alcanzar el poder, mientras el país se desmorona en las manos de otro inútil que a pesar de que está a punto de ser ahogado por la sangre de miles de mexicanos ejecutados por el narco, dice que el empleo repunta, las finanzas empiezan a sanar, la inversión llega a manos llenas del extranjero, los mexicanos son muy felices y quién sabe cuántas cosas más, producto del mareo y la ceguera que le provoca el cargo.
En serio, tengo miedo.

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